Hola, Miguel
Hoy me pongo algo más reflexivo que habitualmente. Y pregunto en alto: ¿cómo puede ser el ser humano libre? A priori, la razón parece conducirnos hacia una respuesta intuitiva: haciendo lo que quiere, sin ataduras ni limitaciones. Pero, enseguida surgen problemas al contraponer la libertad de un individuo con la libertad o el bienestar del resto de seres que lo rodean.
Por eso, me interesa ahondar en el aspecto más íntimo de la libertad, en esa libertad interior del ser humano, que no se puede arrebatar y que, en cierta forma, sí se plasma tangiblemente en sus decisiones y acciones.
¿Es totalmente libre el ser humano o vive siempre condicionado por su naturaleza o sus deseos? Me resulta difícil de creer que alguien sea capaz de abstraerse tanto de sí mismo que pueda obrar sin estar condicionado por su propio pensamiento o su situación concreta.
Por eso, quizá la libertad no signifique tener una tabla rasa sobre la que escribir lo que se quiera, sino que la libertad signifique conocerse realmente, descubrir qué es el ser humano, por qué y para qué vive y actuar en consecuencia.
Las religiones, como caminos de trascendencia que son, nos proponen ayudarnos a descubrir el rostro más profundo del ser humano, su naturaleza verdadera. De modo que sea esa fuerza que vibra en su interior la que lo guíe.
Cuando eso pasa, renacen las ganas de vivir, de compartir, de callar, de dejar brillar al otro.
Hoy Miguel, te invito a ti y a todo el mundo a busca la libertad, a dejarnos guiar por ella hacia la Verdad, y disfrutar de la vida verdadera y libre.



