«Un episodio del que apenas se habla y que sigue provocando mucho sufrimiento a sus víctimas. Me refiero a la intoxicación masiva con aceite de colza desnaturalizada»

El sacerdote peñarandino comenta que casi medio siglo después de la intoxicación por aceite de colza de 1981, las víctimas siguen reclamando memoria, dignidad y reconocimiento.

La ciudad de Peñaranda de Bracamonte ha sufrido en el último siglo varios acontecimientos dramáticos. Recordemos la explosión del polvorín que causó más de 100 fallecidos, el incendio de la iglesia parroquial reducida a cenizas, o el cierre de las fábricas de zapatillas que dejó sin empleo a cientos de personas.

Hoy quiero rescatar un episodio del que apenas se habla y que sigue provocando mucho sufrimiento a sus víctimas. Me refiero a la intoxicación masiva con aceite de colza desnaturalizada que ocurrió en 1981. Pronto se cumplirán 45 años de la mayor tragedia alimentaria ocurrida en España. Más de 20.000 afectados que en poco tiempo provocó 2500 muertos, muchos de ellos niños. Hoy ya se contabilizan más de 8000.

Nuestro municipio fue uno de los más afectados por este envenenamiento y aunque no hay una cifra exacta de fallecidos, sí podemos decir que tuvo un impacto devastador. Familias enteras se vieron afectadas y muchas personas quedaron con secuelas crónicas, condenados a una mala calidad de vida, con múltiples discapacidades y numerosas patologías, que al día de hoy, siguen provocando limitaciones y dolencias.

Lo peor dicen las víctimas es que se sienten olvidadas y abandonadas, como si esta tragedia perteneciera al pasado y ya estuviera superada. Resulta sorprendente que nunca se realizara un acto que honrara a las víctimas. Y que las indemnizaciones y subsidios no permitan a los afectados vivir con dignidad.

Miguel Ángel Sánchez Ávila, peñarandino y presidente de la Federación Nacional de víctimas, indica que es triste señalar que sienten dolor cuando vemos la diferencia de trato y cómo se acompaña a otras víctimas.En 44 años, dice, nadie nos ha consolado, nadie nos ha abrazado, nadie nos ha preguntado cómo estamos, qué sentimos o qué necesitamos.

Yo me quedo sin palabras, pero ofrezco mi apoyo incondicional. Debemos en justicia salir de la indiferencia y mostrar nuestra solidaridad con este colectivo que necesita sanar sus heridas físicas y existenciales por el trauma soportado.

Buenos días, Lauren Sevillano.

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