Peñaranda de Bracamonte ya está oficialmente de fiesta. El empresario peñarandino y gerente de Dulca, César Serna García, fue el encargado de pronunciar el pregón inaugural de las Ferias y Fiestas 2026. Su discurso estuvo cargado de recuerdos, emoción, agradecimientos y reivindicación del orgullo de ser de Peñaranda.
Serna comenzó reconociendo la «gran ilusión» que le produjo recibir la propuesta para ser pregonero y aseguró que, aunque inicialmente se preguntó por qué había sido elegido, las muestras de cariño recibidas durante los últimos días le hicieron comprender que «ser pregonero en tu pueblo es un orgullo enorme».
Su pregón fue, sobre todo, un recorrido por su propia historia. César Serna recordó que llegó a Peñaranda con apenas seis años, cuando sus padres regentaban la pastelería Burgueño en la plaza de la Constitución. El gerente de Dulca explicó cómo a los 14 años comenzó a trabajar en el obrador familiar. Lo que inicialmente iba a ser «cosa de un verano» terminó convirtiéndose en 60 años dedicados al mundo del dulce.
El pregonero evocó también la infancia de los años 50 y 60, cuando los niños jugaban en las calles a la peonza, los platillos; o los jóvenes disfrutaban de espacios como La Huerta. También tuvo un recuerdo especial para el sacerdote don Agustín, al que definió como «un gran hombre y un gran sacerdote» y motor de aquel movimiento juvenil y formativo.
La música ocupó otro capítulo de sus recuerdos. Serna contó cómo, junto a varios amigos, creó un grupo inspirado en los grandes conjuntos musicales de la época. Con guitarras y unas improvisadas «baterías» hechas con peroles y cazuelas del obrador comenzaron a ensayar hasta conseguir sus primeros instrumentos y actuar en distintos pueblos.
Los olores de la pastelería también estuvieron muy presentes en el pregón. Hornazos, rosquillas, buñuelos, turrones, mazapanes, polvorones y mantecados sirvieron al empresario para explicar cómo los aromas de cada época del año quedan asociados a los recuerdos de toda una vida.
Recuerdo de las fiestas
El pregonero recordó los antiguos cines Cervantes y San Miguel, las películas que llegaban durante esos días, las dulzainas, los cabezudos, las verbenas, el ferial, la tómbola, los coches de choque y la cazuela loca. Pero, sobre todo, recordó el nacimiento de La Cogorza, la que definió como la primera peña de Peñaranda, creada junto a sus amigos en un local de la calle Ricardo Soriano.
Uno de los momentos más emotivos llegó al hablar de su esposa, Julia “Julita”, con quien este año celebra 54 años de matrimonio. «Sin Julita, nada hubiera sido posible», afirmó, agradeciéndole haber compartido con él los madrugones, las preocupaciones y el camino empresarial.
SU EMPRESA
Serna dedicó también buena parte de su intervención a Dulca, empresa que nació en 1978 fruto de la unión de cuatro pasteleros de Peñaranda. Actualmente cuenta con cerca de 300 trabajadores y una importante vocación exportadora. «No hay secreto, solo hay trabajo, mucho trabajo», señaló al explicar las claves del crecimiento de la compañía.
El empresario quiso trasladar ese mensaje especialmente a los jóvenes: «También aquí en Peñaranda se pueden cumplir sueños, se pueden crear empresas, se puede generar empleo». Y puso su propia trayectoria como ejemplo de que no siempre es necesario marcharse para alcanzar grandes objetivos.
En la parte final, César Serna reivindicó el papel de las personas y de las peñas en la vida de la ciudad. «Lo más importante son sus personas», afirmó. Además, destacó también la convivencia con quienes han llegado desde otros países y animándoles a disfrutar de unas fiestas que, según dijo, también son suyas.
«Se puede vivir fuera, pero no se deja de ser de aquí. No se deja de ser peñandino», proclamó. Además, resaltó que las peñas son el verdadero corazón de las fiestas: «Una camiseta de peña no es una camiseta, es una bandera, una pequeña patria compartida que se lleva con orgullo».
César Serna terminó invitando a todos a dejar las penas y los problemas para disfrutar de estos días junto a familiares, amigos y visitantes. Y, como manda la tradición, cerró su pregón haciendo vibrar la plaza al grito de «¡Viva Peñaranda!» y deseando a todos unas felices fiestas.
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