Cada vez estamos más rodeados de neologismos y palabras procedentes de otros idiomas, mientras otras tantas palabras de nuestro vocabulario van perdiendo su uso, especialmente por parte de las nuevas generaciones. Sin embargo, hoy me gustaría reflexionar junto a ustedes en torno a un término que está cada vez más en desuso, pero no por ser un vocablo anticuado.
No sé si son imaginaciones mías, pero cada vez escucho menos la palabra “gracias”. Parece que, en determinadas circunstancias, se diera por hecho que cada una de nuestras acciones son de una manera determinada por obligación, sin que los demás cuestionen la buena voluntad de la que surgieron dichos actos y sin mostrar, por su parte, ni un ápice de gratitud. Según el Diccionario de la RAE, la gratitud es un “sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra le ha hecho o ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera”.
No creo que nadie deba obligar a dar las gracias, pero también pienso que cada vez estamos rodeados de una menor empatía y una mayor individualidad, quizá de ahí la poca resonancia de la palabra “gracias”. Por mi parte, siempre seré una firme defensora de que ser agradecido es mucho más que una mera cortesía, pues es una habilidad socioemocional y una muestra de buena educación que, en mi opinión, puede llegar a cambiar el mundo.
Gracias por estar ahí, al otro lado de las ondas de Cope Peñaranda, y feliz día.
Virginia Sánchez Rodríguez



