El otro día, sin venir mucho a cuento, me vi repitiendo una de esas frases que todos hemos dicho
alguna vez. Ya sabes… esas que suenan bien, que te calman un poco… y que sirven como respuesta
para todo.
– “Todo pasa por algo.”
– “El tiempo todo lo cura todo.”
– “Si es para ti, será.”
Y oye, suenan bien. Tranquilizan. Ordenan un poco el caos. El problema es cuando la vida… no
encaja con ellas.
Porque hay cosas que no pasan por nada, hay heridas que el tiempo no cura si tú no las miras, y hay
oportunidades que no vuelven si tú no te mueves. Pero claro, nos cuesta aceptar eso.
Nos cuesta asumir que la vida es mucho más imprevisible de lo que nos gustaría. Que a veces todo
cambia por una simple tontería, por un mensaje que mandaste… o por uno que no mandaste, por un
día cualquiera en el que decidiste ir… o quedarte en casa. Ese efecto mariposa del que tanto
hablamos… pero que no controlamos casi nunca.
Y entonces usamos esas frases, como si fueran parches, como si decir eso, hiciera que doliera
menos.
Pero quizá no se trata de entenderlo todo. Quizá se trata de aceptar que no todo tiene explicación,
que no todo tiene un aprendizaje bonito y que hay cosas que simplemente pasan… y te cambian. Y
que no necesitas una frase perfecta para justificarlo.
Porque a lo mejor la vida no es un puzzle que haya que encajar. Es más bien una suma de momentos
pequeños, caóticos, inesperados… que, sin que te des cuenta, acaban marcándolo todo.
Y quizá el verdadero reto no es encontrarle sentido a cada cosa. Es aprender a vivir… aunque no lo
tenga.
Arancha Jiménez




