España sigue conmocionada por el choque y descarrilamiento de dos trenes, acontecido en Adamuz, Córdoba, el domingo por la noche, con decenas de fallecidos. Personas normales que creían que sería un día como todos los demás.
Son días de luto y de lamentar profundamente la que parece ser la segunda tragedia ferroviaria más grande acontecida en España hasta hoy. Todo apunta a un fallo en la vía, recién renovada en el pasado mes de mayo. Adif reportó hasta ocho incidencias técnicas en ese tramo tras dicha renovación y se ha descartado el fallo humano.
No creo que sea conveniente utilizar esta catástrofe como arma política, como ha sucedido en numerosas ocasiones parecidas, como Valencia. Lo único que se consigue es que muchas familias dolidas vean como lo ocurrido se transforma en titulares sensacionalistas o en barro político. Guiémonos por la información veraz y contrastada sin dejarnos llevar por el morbo y la polarización.
Ojalá los distintos partidos políticos aúnen fuerzas para ayudar en lo máximo posible a los afectados y familias, y que los heridos se recuperen lo antes posible. Una vez más se ven imágenes llenas de solidaridad por parte de los vecinos de Adamuz, que nos recuerdan que, aunque en medio del drama, siempre sale lo mejor de nosotros, la bondad humana.
Puede sonar topiquero pero estas desgracias a veces nos recuerdan que estamos de paso en la vida. Que se puede ir en cualquier momento, así que disfrutemos incluso cuando vamos de camino, sin tomarlo como un mero trámite sino como parte de la propia vida, que en días así nos recuerda lo frágil que es.



