Vivimos en una época en la que parece que siempre está pasando algo. Un plan, una noticia, una tendencia, una conversación que “no te puedes perder”. Y en medio de todo eso, hay una palabra que suena muy actual: FOMO.
La escuchas en redes, en conversaciones, en memes… y parece algo muy moderno.
Viene del inglés Fear Of Missing Out, que significa “Miedo a perderte algo”. Habla de esa sensación de que, en algún lugar, físico o digital, está pasando algo mejor que lo que tú estásviviendo ahora.
Estoy en una fiesta. Son las tres de la mañana. Estoy cansada, mañana madrugo… pero no me voy. Porque ¿y si justo ahora empieza lo mejor? Spoiler: casi nunca pasa nada. Pero tú te quedas.
El FOMO es eso. No irte “por si acaso”. No apagar el móvil “por si escriben”. No perderte un plan “por si es el plan del año”.
La diferencia es que antes te perdías cosas… y no lo sabías. Ahora las ves en directo. Con filtro. Con música. Y con la sensación de que todos están donde deberían estar… menos tú.
Durante el último cónclave para elegir Papa hubo gente diciendo en redes que tenía FOMO por no estar allí. En el cónclave. Un lugar cerrado, reservado a cardenales. Un sitio al que no puedes entrar aunque quieras. Y aun así, sentías que te estabas perdiendo algo histórico.
Hemos llegado al punto de querer estar en sitios a los que ni siquiera nos han invitado. Y de sufrir por planes que, si somos sinceros, probablemente nos aburrirían a la media hora.
Porque en el fondo el problema no es perderte algo. Es imaginar que lo que ocurre sin ti… siempre es mejor.
Y quizá el aprendizaje es incómodo, pero necesario: siempre va a haber otro plan. Otra conversación. Otra foto.
La pregunta no es cómo estar en todo. Es cómo dejar de compararlo todo.
Porque cuando intentas no perderte nada… terminas perdiendo lo único que sí estaba pasando: el momento en el que estabas.
Arancha Jiménez



