«La motivación de quien prende fuego a un bosque, una reserva natural o una zona habitada me sigue pareciendo un misterio»

El profesor universitario reflexiona en la firma invitada del día sobre los pirómanos
11 de agosto de 2025 - 1:55 pm

Los titulares se repiten este verano: uno de los más calurosos de la historia. En el sur, temperaturas récord desde que se tienen registros, en el Norte no se recuerdan tales marcas del termómetro. Noticias que ya casi no sorprenden: cada invierno trae frío y cada verano, calor. Y cuando escasean los escándalos de corrupción por vacaciones en los juzgados, el clima -del cual todos tenemos escasa memoria- se convierte en recurso para abrir informativos.

En mi Bierzo natal, donde paso unas semanas de descanso, la realidad ha superado cualquier titular. El 9 de agosto comenzaron hasta ocho incendios forestales casi simultáneos en los montes Aquilianos, afectando incluso al paraje arqueológico de Las Médulas. La comarca permanece, días después, rodeada de una neblina de ceniza que tiñe la luz del sol de un amarillo macilento.

Las primeras informaciones apuntan a tormentas secas como origen de algunos focos. Sin embargo, la sincronía de los fuegos, su aparición en lugares distantes y sin rastro de nubes, conduce inevitablemente a otra hipótesis: la acción de pirómanos.

La motivación de quien prende fuego a un bosque, una reserva natural o una zona habitada me sigue pareciendo un misterio. La destrucción de lo que ha costado décadas levantar parece provocar en ellos, un extraño placer. Desde niño aprendí que las personas nos dividimos en dos grandes grupos: quienes crean y quienes destruyen. No hay trasvase posible. Hay quien pinta un mural que embellece una pared y quien la cubre de pintadas y graffitis que la degradan. Un mismo gesto, distinta intención.

Si nos trasladamos a una escala mayor, el paralelismo se torna en inquietante. Nuestro mundo parece estar a merced de otros pirómanos: líderes en Estados Unidos, Rusia, China, Oriente Medio… y también agitadores de extrema izquierda o extrema derecha que disfrutan lanzando soflamas poco argumentadas pero bien difundidas, y provocar así incendios sociales. Llamas que no se apagan con helicópteros, ni con hidroaviones, ni con la entrega heroica de bomberos o efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

A veces me pregunto si en cada uno de nosotros no se esconde, silencioso, un pirómano… y también un bombero.

Francisco José Udaondo

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