«La juventud de nuestra Semana Santa no es mañana. Es hoy»

El estudiante peñarandino ofrece un extracto de su pregón Joven de la Semana Santa en el que reivindica a la juventud como el presente vivo de la Semana Santa

Fragmento íntegro extraído del Pregón Joven de la Semana Santa de Salamanca 2026, pronunciado por Fernando Hernández Castilla el pasado 28 de febrero en la Iglesia de San Sebastián (Salamanca).

Quiero hablarles de algo que no es promesa,
sino realidad.

La juventud.

Porque este no es solo un pregón sobre lo que hemos heredado.
Es también un pregón sobre lo que estamos construyendo.

A veces se habla de los jóvenes como si fuéramos solo el futuro.
Como si aún no estuviéramos aquí.
Como si todavía no contáramos.

Pero yo les digo algo con convicción:

la juventud de nuestra Semana Santa no es mañana.

Es hoy.

Está en los locales de ensayo,
en las casas de hermandad
en los talleres,
afinando instrumentos,
Está bajo el peso de un paso,
aprendiendo a andar despacio,
Está descubriendo, muchas veces sin saberlo, lo que significa creer

Y siempre, con ilusión.

Los jóvenes hemos llegado para cuidar,
Para aprender.
Para escuchar.
Para equivocarnos.
Y para seguir caminando.

Porque nadie nace sabiendo ser cofrade.

Se aprende.

Se aprende mirando a los mayores,
equivocándose,
repitiendo gestos,
Se aprende respetando silencios.

La juventud cofrade no es ruido.

Es trabajo,
presencia,
compromiso.
Es quedarse cuando sería más fácil irse.

Yo veo a los jóvenes de nuestra Semana Santa con esperanza y compromiso.
Los veo estudiar durante la semana y ensayar por la noche.
Los veo cargar instrumentos más grandes que ellos.
Los veo entrar por primera vez a un local de banda con miedo, y salir sintiéndose parte de algo.

Los veo vestir una túnica por primera vez y entender que eso no es un disfraz.

Es identidad.
Es responsabilidad.
Es pertenencia.

Porque cuando un joven se queda en la Semana Santa…

no se queda por tradición.

Se queda porque ha encontrado un lugar.
Un sitio donde ser.
Un sitio donde servir.
Un sitio donde sentirse útil.

Y eso, en los tiempos que corren, no es poco.

Es un tesoro.

También tenemos retos.
Claro que sí.

Claro que sí.

La juventud no es perfecta.

Pero tiene algo muy valioso:
hambre de verdad.

Los jóvenes no queremos apariencias.
Queremos coherencia.

No queremos discursos vacíos.
Queremos ejemplo,
que se nos eduque desde el sentimiento profundo.

No pedimos caminos trazados.
Pedimos manos que nos enseñen a caminar.

Y cuando la Semana Santa es auténtica,
cuando es humilde,
cuando es verdadera,

Los jóvenes se quedan.

Porque la fe no se impone.
Se contagia.

Y se contagia con gestos.
Con cercanía.
Con tiempo.
Con paciencia.

La juventud necesita espacios.

Pero también necesita confianza.

Necesita que se la escuche,
se la forme,
Necesita que se la acompañe,
Que se la corrija con cariño, cuando haga falta.

Porque no somos el relevo por obligación.

Somos el relevo por amor.

Y esa es la mejor garantía de futuro que puede tener nuestra Semana Santa.

Que haya jóvenes que quieran estar,
quieran aprender
quieran hacerlo bien,

Que quieran cuidar lo que recibieron.
Y dejarlo mejor.

Yo sueño con una Semana Santa donde jóvenes y mayores caminen juntos.

Donde la experiencia enseñe,
y la juventud empuje.

Donde nadie se sienta desplazado.
Donde nadie se sienta sobrante.

Donde nadie se sienta sobrante.

Donde entendamos que esto no va de edades.

Va de actitud,
de servicio,
de amor.

Porque cuando un joven aprende a amar la Semana Santa de verdad…

no la abandona;
la defiende
la cuida,
La engrandece.
Y entonces el futuro deja de ser una incógnita.
Se convierte en certeza.

Por eso hoy, desde aquí, quiero decirlo alto y claro:
confíen en los jóvenes.

Acompáñennos.
Enséñennos.
Exíjannos.

Pero no nos suelten de la mano.

Porque nosotros no queremos romper nada.

Queremos sostenerlo.

Con respeto.
Con formación.
Con humildad.
Con fe.

Para que dentro de muchos años, cuando otros jóvenes se suban a este atril…
puedan decir con orgullo:

La Semana Santa está viva,
la amamos
Y hemos sabido cuidarla y mimarla como se merece.

A nosotros, los jóvenes, nos define una palabra;

Valentía.

Valentía para creer en tiempos donde creer no siempre es cómodo.
Valentía para ponerse una túnica sin miedo al qué dirán.
Valentía para cargar, para tocar, para servir… sin buscar aplausos.

Porque hoy, ser joven y elegir la Semana Santa no es inercia.
Es decisión.

Y decidir quedarse en algo que exige compromiso…
eso es valentía.

Somos valientes cuando elegimos ensayo en lugar de ocio.
Cuando elegimos silencio en lugar de ruido.
Cuando elegimos fe en lugar de indiferencia.

Y no lo hacemos por tradición vacía.

Lo hacemos porque creemos.

Porque amamos.

Porque hemos encontrado aquí un sitio donde nuestra vida tiene sentido.

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