Las elecciones autonómicas de Castilla y León ya están a la vuelta de la esquina. En campaña, los discursos recorren plazas y pueblos y todos hablan del mundo rural. Sin embargo, la realidad sigue recordándonos que la comunidad ha perdido cerca de 4 millones de habitantes desde finales de los años 80. Una tendencia marcada por el envejecimiento y la marcha de los jóvenes en busca de oportunidades.
Cada vez que hay elecciones parecen traer promesas para frenar la despoblación. Pero año tras año, el problema sigue creciendo en silencio en muchos municipios.
Quienes viven en los pueblos saben bien que el reto no es solo demográfico, sino también de servicios. La distancia a un centro de salud, la dificultad para mantener las escuelas abiertas o la falta de farmacias, convierte la vida cotidiana en un desafío.
A ello se suman carreteras comarcales deterioradas, comunicaciones escasas entre localidades y hasta problemas básicos de conectividad o cobertura que en algunos lugares dificultan incluso el acceso a servicios públicos o información.
Por eso, más allá de las siglas y los discursos de campaña, el medio rural necesita algo más. Necesita que los pueblos no solo se recuerden en tiempo electoral, que se piense en ellos cuando se diseñan infraestructuras, servicios sanitarios, educación o transporte. Porque Castilla y León no se entiende sin sus pueblos y el futuro de la comunidad depende en gran medida de que quienes gobiernen miren al territorio con la misma atención todos los años.
Elena Rodríguez.



