De la visita del Papa León a España, recordamos con agrado el himno conmemorativo, el encuentro con los miembros del parlamento español en el congreso de los Diputados, la vigilia de oración en la plaza de Lima, a bendición de la Torre de Jesucristo en la sagrada Familia de Barcelona, las distintas vigilias y eucaristías.
Pero estaría muy bien que recordáramos al mismo tiempo, al hilo de lo que estamos viviendo últimamente en nuestro país, el encuentro con las realidades de acogida a los inmigrantes, con las realidades de integración, así como el encuentro con los migrantes del centro Las Raíces.
Vaya por delante el apoyo y la solidaridad con Ceuta, que ya mostramos en el pasado día 22 de septiembre. No entró en la política de partidos . Este no es mi terreno, pero sí, en el ámbito de la fe que profesamos muchos cristianos españoles.
Habría que recordar que las cuatro funciones de la Iglesia son el anuncio del Evangelio, la celebración de los sacramentos, la comunión y el ejercicio de la caridad. Las cuatro van unidas y son inseparables porque representan el único cuerpo de Cristo.
Algunas páginas del Evangelio hoy ya no las soportamos. La liturgia ya no es la cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y tampoco la fuente de donde emana su fuerza. Lo mismo habría que decir de la comunión, como realidad constituyente de toda la Iglesia, donde se acoge y se valora al otro como un don de Dios. De la misma manera, preocupa el ejercicio de la caridad y el compromiso social que tiene su fundamento en el misterio de la encarnación de Cristo.
Esta realidad no nos sitúa en un plano espiritual, sino en un nivel operativo y real. La Iglesia, teniendo como modelo a Jesucristo , está al servicio del reino de Dios para la liberación del hombre, independientemente de su raza, país, cultura, religión, etc…
El Concilio Vaticano II recuerda que la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana. Más aún reconocen en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente y se esfuerza en remediar sus necesidades, procurando servir en ellos al mismo Cristo.
Los pobres y descartados son los hijos preferidos de Dios, necesitados de amor y de justicia. Recordando a los migrantes, decía el Papa León: «antes que decir una palabra, quiero inclinarme ante su dignidad». Y continuaba diciendo: «no son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia, una casa dejada atrás con sueños que nadie tiene derecho a despreciar».
Buenos días Lauren Sevillano.




