La confirmación de más de 30 jóvenes en nuestra comunidad parroquial de Peñaranda, no es una cuestión menor, dado el ambiente de secularización en el que nos movemos.
Se han preparado junto a sus catequistas semana a semana durante tres cursos pastorales. No son perfectos, como nadie lo es, pero a pesar de sus limitaciones se han mantenido fieles a un mensaje, el de Jesús de Nazaret. Puede afirmar que estas chicas y chicos no les ha movido la presión emocional y sentido sentimental que hoy está tan de moda. Su interés está más ligado a sus raíces, a su familia y a su historia personal.
Sin historia, decía el Papa Francisco, el joven se queda vacío, desarraigado, desconfiando de todo, a merced de las promesas vacías a las que hoy lo someten las ideologías.
Si se rechaza la riqueza humana y espiritual que se ha ido transmitiendo a lo largo de las generaciones, tendremos unos jóvenes desmemoriados, vacíos de valores reales, que solo buscan beneficios personales, económicos o políticos.
A esto el Papa unía otro peligro que consiste en adorar la propia juventud y la belleza de la misma. De esta manera, uno se queda en las apariencias en una espiritualidad sin Dios y una afectividad sin comunidad y sin compromiso con los que sufren.
Cuando desaparece la dimensión social, aparece el miedo a los pobres, vistos como seres peligrosos y enemigos. La fe en Jesús que hemos transmitido a estos jóvenes confirmandos apunta a una doble mirada, una al pasado y otra al futuro. Los jóvenes que solo miran al futuro se quedan sin raíces y sin experiencia y sin raíces el árbol no da fruto. Y aquellos que solo miran al pasado se quedan sin construir su futuro y se convierten en piezas de museo.
Sin la novedad que apunta el Evangelio, pronto aparecen los egos y el sentimentalismo vacío y excluyente. Por tanto, acompañemos con respeto a nuestros jóvenes para que transformen la realidad y la conviertan en un futuro mejor para todos.
Buenos días, Lauren Sevillano.




