«Los buenos propósitos no son metas lejanas en sí mismas, sino semillas a las que hay que regar todos los días»

La musicóloga peñarandina habla sobre las propuestas del nuevo año
14 de enero de 2026 - 1:25 pm

Cada nuevo año llega como una página en blanco esperando que, cada uno de nosotros, vaya escribiendo su propia historia en los doce meses venideros. No sé si a ustedes les sucede lo mismo que a mí, pero, durante los momentos previos a las doce campanadas del 31 de diciembre, cuando el reloj de la Puerta del Sol de Madrid es objeto de todas las miradas, experimento una mezcla de agradecimiento y de esperanza. 

Cada vez estoy más convencida de que los buenos propósitos nacen, precisamente, ahí, en ese silencio breve entre un año que despedimos y otro al que damos la bienvenida. Y es que cada nuevo año acogemos pequeñas y grandes promesas, desde cuidarnos un poco más hasta destinar más tiempo a aquellos a quienes más queremos. Con el paso del tiempo, esos deseos son cada vez más modestos y menos materiales y, a pesar de nuestras buenas intenciones, algunos de ellos se desvanecerán enseguida, superados por el frenético ritmo de nuestra vida cotidiana. 

El año irá avanzando y, aunque no todo salga como lo habíamos imaginado en aquella noche de brindis y de abrazos, estoy segura de que ciertos días, en torno a pequeños instantes, nos daremos cuenta de que se han cumplido muchas de las cosas que nos habíamos propuesto. Será ahí cuando comprendamos que los buenos propósitos no son metas lejanas en sí mismas, sino semillas a las que hay que regar todos los días.

Con estas pequeñas reflexiones, a través de las ondas de Cope Peñaranda, les traslado mis mejores deseos para este año 2026. Que sean muy felices.


Virginia Sánchez Rodríguez

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