Buenos días.
A menudo, cuando hablamos de «acuerdos comerciales», el oyente tiende a desconectar. Suena a burocracia, a despachos en Bruselas, a algo que queda muy lejos de la nevera. Pero lo que está hoy sobre la mesa con MERCOSUR no es burocracia. Es una cuestión de salud pública, seguridad alimentaria y justicia.
Los agricultores y ganaderos españoles no es que teman a la competencia. Producen tan rico y tan bien, con tanta calidad… que competir no es el problema. Lo que temen es a la trampa.
Europa nos prohíbe usar ciertas sustancias por nuestra seguridad, por nuestra salud,… mientras este acuerdo abre la puerta a carne y grano de fuera que SÍ utilizan esas sustancias prohibidas.
Es de sentido común: si un producto no es óptimo para la salud cuando lo producimos en Europa,… ¿por qué nos lo vamos a comer si viene de Brasil?
Francia ya se ha plantado. Esperemos que España también se plante y exija Cláusulas Espejo, que no es otra cosa que se exija a lo que importamos lo mismo que se exige a nuestros productores. O jugamos todos con las mismas cartas, o no hay partida. Con su seguridad alimentaria no se negocia.



